Descripción
Los cruceros semiacorazados de la clase Princesa de Asturias (Princesa de Asturias, Cardenal Jiménez de Cisneros y Cataluña; La Carraca 1889, El Ferrol 1890 y Cartagena 1890), unos buenos buques de dilatado período de desarrollo, representaron la inteligente, aunque muy tardía y por ello desfasada, respuesta racional al malhadado proyecto industrial británico y desacertada concepción estratégica hispana que supueso la construcción de la clase previa de los infortunados cruceros Vizcaya (Infanta María Teresa, Almirante Oquendo y Vizcaya), más conocidos como los Cruceros del Nervión o, también, como los Buques del Desastre de Cuba.
Aquellos barcos, los Princesa de Asturias, navegan desde aquel entonces en un injusto mar de errores, descalificaciones y silencios que tiene que concluir.
La irresponsable Armada del necio y camaleónico Beránger, el más necio Gobierno de Sagasta y el atolondrado e irresponsable País de la Fiesta y de la Siesta se equivocaron cuando se hipotecó el futuro de la defensa de España como potencia con intereses mundialistas al hacer descansar la vanguardia de sus fuerzas navales oceánicas en unos cruceros rápidos protegidos de cinturón acorazado parcial.
Los Vizcaya fueron lujosísimos, bellos, altivos y, también, anticuados yates que, bajo otros mandos (políticos y militares) en Madrid y, sobre todo, dirigidos por otro más resuelto Comandante General, quizás, hubiesen supuesto alguna amenaza cierta a un torpe enemigo como lo fueron los Estados Unidos de América de 1898 que, al menos en la Isla de Cuba, demostraron una extraordinaria ineficacia logística y castrense... tan sólo superada por la superior incompetencia de su adversario, es decir, por el incapaz Ejército y Escuadra de Operaciones de las Antillas.
Los Cruceros Princesa de Asturias no fueron la segunda serie de los Vizcaya, como estamos acostumbrados a leer, ni tampoco serían la mejora española del diseño de los Buques del Nervión, ni siquiera los primeros buques pintados de gris naval.
Los Princesa de Asturias fueron una naves revolucionarias con relación a todo lo que navegaba bajo el pabellón de la Real Armada
Veloces y maniobreros, fiables de máquinas, bien protegidos (buque y dotación), suficientemente artillados, con capacidad para dar pronto, mucho y fuerte y para aguanta, resistiéndolo, el continuado castigo enemigo (buques ignífugos, de sólidos mástiles, cofas bajas, carentes del comprometedor armamento de torpedos, con compartimentación interior moderna, faltos de toda la desfasada suntuosidad impropia de una nave de combate) ... siendo también unas naves odiadas por muchos de sus anacrónicos Comandantes que, aún exigían a bordo amplios pasillos como los de un hotel, cómodas butacas y taquillones, pesados cortinajes, mullidas alfombras y costosas maderas ornamentales, despreciando el espartano mobiliario metálico, los incontables hidrantes y, finalizando, el lugar donde por vez primera se asentaba su sacrosanta Cámara, que ya no era la exclusiva popa.
EAN | 0000000213085Editor | AUTOR - EDITORAutor | José Ramón GARCIA MARTINEZEstado | AgotadoAño de edición | 2010Número de edición | 1Páginas | 0Idioma | CastellanoEncuadernación | cd-rom
Temas